Nada inspira más que historias reales. Estas son cinco bodas que celebramos este año, completamente distintas entre sí, pero con un denominador común: parejas que tomaron decisiones valientes y coherentes con quiénes son.
Camila y Andrés: el viñedo donde se conocieron
Llevaban 7 años juntos cuando decidieron casarse en el Valle de Colchagua, donde se habían conocido en una vendimia. 80 invitados, gastronomía 100% local y una playlist que incluyó desde cueca a Massive Attack. "Queríamos que la gente bailara, comiera bien y se fuera contando historias", dice Camila.
Sofía y Martín: 20 personas en el Atacama
Ceremonia al atardecer en el Valle de la Luna. Cena bajo las estrellas con vista a la Vía Láctea. "Fue la noche más mágica de nuestras vidas", dice Sofía. "Algunos amigos nos dijeron después que nos envidian — no la boda, sino que hiciéramos exactamente lo que queríamos."
Catalina y Jorge: la casona de los abuelos
Todo fue hecho por la familia: las flores del jardín, los panes, la torta de la abuela. Un fotógrafo amigo tomó las fotos. "Gastamos menos de $3 millones y fue la boda más bonita que he visto", dice su mamá.
Felipe y Tomás: 8 países en Puerto Varas
Sus 60 invitados viajaron desde 8 países. La elección de Puerto Varas fue estratégica: "Queríamos un lugar que sorprendiera tanto a los chilenos como a los extranjeros. Los portugueses quedaron en shock con el lago y el Osorno."
Isidora y Hernán: sin protocolo
Sin entrada de la novia. Sin discursos. Sin vals. Solo sus personas favoritas en un restaurante privado de Barrio Italia, con una mesa enorme y una banda de jazz. "Queríamos que se sintiera como una cena entre amigos."